Cada día hay nuevas constataciones de la importancia de una correcta alimentación para mejorar nuestra salud . A diario surgen nuevas dietas milagro , que nos harán más delgados , más jóvenes , más inteligentes … ¿Pero cuanto hay de cierto , en la influencia de la nutrición , en nuestras conductas , en nuestro estado de ánimo , o en la facilidad o incapacidad de aprendizaje?

Quizá lo primero que deberíamos distinguir , es la diferencia entre alimentarnos y nutrirnos. Todos entendemos la función de la alimentación , como acto voluntario de ingerir alimentos , para satisfacer el apetito o el hambre . A menudo se confunde con la nutrición. Sin embargo , ésta es un proceso fisiológico involuntario , que nuestro organismo lleva a cabo para asimilar los nutrientes y micronutrientes que le ofrecemos al alimentarnos, para asegurar la vida.

La alimentación , es por tanto algo voluntario , que a menudo está relacionado con factores externos , como el país donde vivimos , la cultura que tenemos, la sociedad a la que pertenecemos. Y es precisamente , de la forma de alimentarnos, de lo que trata éste artículo.

Nuestro cerebro , es posiblemente el órgano más preciado que poseemos. Analiza pensamientos , emociones , percepciones , estados de ánimo, conductas , y es capaz de sobreponerse a la adversidad si logramos conducirlo por los caminos adecuados , o hundirnos en la melancolía si no lo logramos.

Para poder llevar a cabo , todas sus funciones , depende fundamentalmente , de la energía que podamos aportarle y del “octanaje” de dicho combustible . No es lo mismo poner gasolina “Súper” , que “Diésel”… Lo mismo ocurre en ésta extraordinaria máquina .

El cerebro posee unos filtros protectores que permiten el paso de nutrientes y sustancias que son adecuadas para su funcionamiento. Si éstos nutrientes son inadecuados o no están en la cantidad necesaria , puede producirse un desequilibrio neuroquímico, que puede provocar alteración del pensamiento, percepción , emociones o conductas. Muchos de los jóvenes pacientes que tratamos a diario , son extremadamente sensibles a determinados alimentos, y les basta una pequeña ingesta para alterar su conducta de forma llamativa.

Debemos entender ésta circunstancia , comprendiendo que en el cerebro , los mensajes pasan de una neurona a otra gracias a impulsos eléctricos y químicos. Estos últimos, los químicos, son los famosos neurotransmisores , de los cuales se conoce que se obtienen gracias a la materia prima (en forma de nutrientes y micronutrientes)que aportamos en nuestra dieta. Es por eso que sin saber porqué , a veces nuestro cerebro parece que nos pide un determinado alimento, dulce , salado , amargo… Como si buscase algún componente , para funcionar mejor. Estos neurotransmisores a los que nos referimos son , la dopamina , la norepinefrina y la serotonina.

Los dos primeros neurotransmisores (dopamina y norepinefrina ), nos aportan un estado de alerta que influye sobre nuestro comportamiento y sobre todo nuestro estado de ánimo. Parece claro que cuando hay presencia de éstas sustancias , la persona piensa de manera más ágil , reacciona más rápidamente ante situaciones de peligro o estrés, sienten mayor motivación y al parecer mayor energía mental.

Por otro lado la serotonina , nos proporciona calma , sensación de bienestar, somnolencia , relax.

Para producir unos u otros neurotransmisores , el cerebro utiliza determinados aminoácidos , que son sustancias que provienen de las proteínas (carne , pescado, huevos , legumbres…). En función del que mejor utilice , obtendrá uno u otro aminoácido. De ésta forma , de la tirosina sintetizará sobretodo , dopamina y norepinefrina y del triptófano sobretodo la serotonina. Dado que muchos alimentos contienen los dos aminoácidos , debemos asegurarnos consumir aquellos alimentos que los contengan.

Pero no sólo de aminoácidos vive nuestro cerebro . Hay una relación directa , entre la obtención de ciertas vitaminas y el estado de ánimo. En concreto , nos referimos a aquellas pertenecientes al complejo de la vitamina B (B1, B2 , B6 , B12…) . Estas vitaminas , nos ayudan a convertir , proteínas , carbohidratos y grasas , en combustible útil , para nuestro cerebro y sus estados de ánimo. Se ha comprobado en diferentes estudios , que un déficit de éstas vitaminas , puede dar lugar , desde debilidad muscular , cansancio , irritabilidad o incluso psicosis.

Afortunadamente , los casos severos , hoy en día no son frecuentes en la clínica habitual , pero si hemos observado , que una deficiencia moderada puede dar lugar a tristeza y leve depresión.

Para concluir , una recomendación : Cuando notemos que nuestro hijo , está más tristón , sin causa aparente , menos concentrado de lo habitual , mas huraño, menos comunicativo , con menos ganas de jugar o realizar ejercicio… No pensemos en seguida en una posible enfermedad . Analicemos como nos alimentamos en casa y saquemos conclusiones de cómo podemos mejorar la alimentación y por ende , la nutrición de nuestros hijos.

Dr David Mariscal
Especialista en Nutrición Infantil

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