Nos encontramos ante una importante pandemia de obesidad que afecta no sólo a los adultos sino también a jóvenes y niños.
Una mejor comprensión de las causas fisiológicas de éste creciente problema es necesaria para intentar llegar a una solución.

La fisiología del comportamiento alimentario , es algo que se lleva estudiando desde hace muchos años , sobretodo en modelos animales. Casi siempre las líneas de investigación se han basado , tanto en el hipotálamo y en el tronco cerebral, como en la regulación del equilibrio energético.

La aparición de la leptina , como esa hormona clave que estimulaba la secreción de neuropéptidos anorexígenos (quitan el apetito) e inhibición de neuropéptidos orexígenos (dan apetito) , fue clave para entender la homeostasis (el equilibrio) en la regulación del metabolismo.

Como importante fue el descubrimiento de la ghrelina , un péptido intestinal activado con el ayuno , en la comprensión de factores reguladores del balance energético.

Sin embargo , lo que ya no hay duda es que comportamiento de alimentación voluntaria , estimulada por factores externos o internos , o por emociones , recuerdos y hábitos , pueden mandar al traste todos los sistemas que vienen “de serie” en nuestro organismo para controlar lo que comemos .

El incremento de experiencias percibidas como estrés por individuos de ésta sociedad moderna , afectan el patrón de comportamiento alimentario.

De hecho un estudio reciente , demostró como la tristeza inducía a una mayor ingesta de alimentos ricos en azúcar y grasa , es decir alimentos “recompensa”. Por otro lado en etapa de felicidad , se favorecía la ingesta de frutos secos.

La base científica para éstos comportamientos y muchos otros que llevan a la obesidad se están comenzando a entender de manera progresiva.

Ello incluye vías corticales y subcorticales , que conllevan el aprendizaje, la memoria , la recompensa y el placer . A su vez , se genera un hábito de disminución del control cognitivo . Es decir que cuando nos dejamos llevar por un impulso sin control , lo evitamos razonar, solo nos dejamos llevar.

Las hormonas de estrés elevadas junto con la ingesta de alimentos de mayor palatabilidad (ricos en grasa), pueden servir como señales de feed back que reducen la percepción de estrés. Como si éstos alimentos nos hicieran olvidar nuestros problemas, reforzando el comportamiento alimentario por estrés.

Cada vez hay más estudios que nos explican con más detalle la implicación emocional y las conexiones nerviosas y cerebrales involucradas entre el estrés , las emociones de como percibimos dicho estrés y la ingesta.

En éstas pruebas se va preguntando al paciente estudiado , cuestiones relacionadas con su estrés y se intercalan fotografías de diversos alimentos, mientras se van registrando la actividad cerebral en determinadas áreas cerebrales .

De ésta manera se están obteniendo mapas más claros de que partes del cerebro están relacionadas con que tipo de control y/o emociones frente a la comida y determinados alimentos.

Así el área de la corteza prefrontal está más involucrada en la parte reflexiva (respuestas razonadas, regulación consciente de nuestra ingesta). El hipocampo es el “jefe emocional” , aquí se prima el placer en la ingesta y lo que nos hace sentir. Y por último el hipotálamo , será el ordenador de a bordo implacable que se encarga mecánicamente del equilibrio energético. Ingesta de alimentos en función de nuestras necesidades energéticas.

Por tanto se ha visto que existen unos factores , llamados “estresores” , que activan unos receptores neuronales que responden al estrés , a través de un patrón de conducta, que incrementa la actividad emocional de la comida.

Esto genera una serie de hábitos que se aprenden y aplican sin usar ningún filtro cognitivo, es decir se repiten , casi sin pensar.

A nivel neuroquímico , es conocido que el estrés induce la secreción de glucocorticoides , que incrementan la motivación por la comida, mayor secreción de insulina , que a su vez, hace que tengamos más ganas de comer y ello conduzca lentamente a la obesidad.

Todo ello de manera repetida en el tiempo consigue que , la ingestión de alimentos placenteros , reduzcan la actividad en el patrón de respuesta del estrés , reforzando el hábito de comer. Es como si por un momento la comida nos hiciese olvidar del estrés.

Los efectos de dicha conducta alimentaria motivada por los agentes estresores , hace que sea una necesidad desde el ámbito multidisciplinar (nutrición y psicología) enseñar a los pacientes a aprender a dominar técnicas para restaurar la respuesta habitual a través del razonamiento , para evitar enfermedades como la obesidad por causa del estrés.
En CLINICA MARISCAL llevamos muchos años trabajando de manera multidisciplinar este problema obteniendo resultados a corto y largo plazo.